Irving Rouse en Maniabón
- 15 dic 2016
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[1]En 1941 Benjamin Irving Rouse llega a Cuba. Se había educado en la Universidad de Yale, donde inició estudios forestales y pasó finalmente a la antropología. Su tesis doctoral, publicada en dos partes (Prehistory in Haiti: A Study in Method, en 1939, y Culture of the Ft. Liberté Region, Haiti, en 1941), sentaría las bases de un esquema de clasificación cerámica de enorme importancia para ordenar el estudio arqueológico de la presencia indígena en el Caribe.
Su labor consistió en un estudio exploratorio de los residuarios del área de Maniabón (norte de las actuales provincias de Holguín y Las Tunas), cuyos resultados se publicaron en 1942 en la obra Archaeology of the Maniabón Hills, Cuba. Aunque había una intención generalizadora se hizo evidente la particular concentración de sitios en la zona de Banes y su carácter sobresaliente en términos de complejidad cultural, e incidió mucho esta área en el panorama final que aporta el texto. A partir de aquel momento Banes conseguiría una relevancia en la arqueología cubana que no se ha perdido.
Rouse realizó una exhaustiva consulta de las informaciones existentes sobre la zona y sobre arqueología cubana en general, que incluyó revisiones de colecciones y testimonios de los propios colectores. Preparó incluso una valiosa reseña de la historia de las investigaciones realizadas en este espacio y de las colecciones disponibles, haciendo amplio uso de los artículos y notas preparadas por el arqueólogo y coleccionista holguinero José A. García Castañeda. El intercambio con Castañeda indudablemente influyó en muchos de sus criterios; su apoyo, el del coleccionista residente en Banes, Orencio Miguel Alonso, y el de otros coleccionistas y aficionados, fue vital para ubicar y explorar sitios, o lograr el acceso a las colecciones. Los trabajos se hicieron en solo cuatro meses de 1941, con un ritmo intenso y una rigurosa metodología, y se obtuvo un gran volumen de información. En 1942 ya aparecía publicada por el Departamento de Antropología de la Universidad de Yale la monografía que recogía los resultados de las exploraciones.

Durante la investigación se visitaron o exploraron numerosos sitios arqueológicos, y se hicieron recogidas superficiales de evidencias; se excavaron los sitios Aguas Gordas, Salermo y Potrero de El Mango. Usando sus datos y los de los exploradores locales y coleccionistas, Rouse preparó un informe de tipo censal y clasificatorio sobre todos los sitios y áreas con reportes de material arqueológico conocidos en Maniabón.
Rouse trabajó junto a Carlos García Robiou, profesor de Antropología de la Universidad de La Habana, en la excavación de Aguas Gordas. Los trabajos en Potrero de El Mango fueron dirigidos por Rouse, quien tuvo el apoyo de Orencio Miguel Alonso y los Boy Scouts de Banes. Se trata de las primeras excavaciones en Cuba donde se mantiene control estratigráfico y un registro adecuado del trabajo. Las evidencias obtenidas en Potrero de El Mango fueron enviadas a los Estados Unidos y se conservan en el Peabody Museum of Natural History de la Universidad de Yale. Han sido estudiadas recientemente por la arqueóloga A. Brooke Persons, de la Universidad de Alabama, para su disertación doctoral sobre Banes.
Rouse propuso una cronología general para la región, así como una correlación de los sitios más tardíos --identificados por el reporte de material hispano y ciertos rasgos cerámicos--, con la estructura de cacicazgos que se infiere de los datos históricos. Aporta una valiosa relación de sitios con evidencias europeas que ayuda a iniciar en Cuba el análisis de los vínculos entre ambos grupos culturales y los potenciales procesos de cambio o ¨aculturación¨ en la sociedad indígena.
De esta investigación se desprende el reconocimiento de la existencia en Maniabón de residuarios de dos tipos de grupos culturales: ciboney en su cultura Cayo Redondo y subtaíno en su cultura Baní. El término subtaíno había sido manejado antes por M. R. Harrington para designar una expresión más simple del taíno, grupo que estimó dominante en Cuba. A partir de los datos de Maniabón las diferencias del subtaíno y el taíno fueron detalladas y reformuladas por Rouse (1942: 31; 163 - 166), considerándolos como dos grupos étnicos diferentes.

El trabajo realizado por Rouse fue reconocido por la calidad de su enfoque analítico, pero su división del taíno no fue aceptada por muchos. En su texto Caverna, Costa y Meseta, de 1945, Felipe Pichardo Moya objeta con razón la selección del término subtaíno, completamente arbitrario y carente de base histórica, y cuestiona la capacidad de los elementos diferenciadores considerados por Rouse para sustentar distinciones culturales. No obstante, el esquema de Rouse sobrevivió incluso en un texto de la importancia de Prehistoria de Cuba (1985), donde se proponía la perspectiva marxista para valorar el mundo precolombino de Cuba.
Archaeology of the Maniabón Hills, Cuba, por sus aportes metodológicos y conceptuales desborda los marcos de una investigación regional para convertirse en una obra clásica de la arqueología de Cuba. Revoluciona la práctica arqueológica del momento al demostrar la importancia de las excavaciones controladas como modo de seguir el cambio cultural y al abordar la validez, en una óptica analítica, de los estudios cerámicos y tipológicos en general. Aporta una nueva propuesta de clasificación cultural que reconoce elementos diferenciales hasta ese momento no considerados y facilita la correlación de la información arqueológica de Cuba con la del resto de las Antillas Mayores. De este texto emerge la visión de un desarrollo cultural que involucra la mayor parte de Cuba, vinculado a rasgos cerámicos que tienen su sitio guía en el yacimiento Meillac de Haití, y que sirven para conceptualizar la presencia de los agricultores ceramistas en el país. De modo inmediato tales estudios sirvieron para precisar la importancia de Banes en el panorama arqueológico de Cuba y Las Antillas. Lamentablemente el trabajo de Rouse en Maniabón --un impresionante ejercicio investigativo de uno de los arqueólogos más importantes del Caribe-- permanece ignorado por muchos investigadores o aún no ha sido reconocido en toda su magnitud.

Agradecimientos
Este articulo fue preparado como parte de investigaciones posdoctorales desarrolladas por el autor en proyecto ERC-Synergy NEXUS 1492, sostenido por European Research Council / ERC grant agreement n° 3192099. Agradecemos el apoyo del proyecto Cultura material en entornos de interacción indohispana (DCOA, CISAT, CITMA, Holguín) y las imágenes ofrecidas por José Oliver y Peter Siegel.
[1] Este texto es un extracto del articulo de igual nombre publicado en el libro Un Rostro local para la arqueología cubana, de las editoriales La Mezquita y Nuevos Mundos (2016) y editado por R. Valcárcel Rojas y José Abreu Cardet.


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